De a poquito y con calma. No enciendas la luz. Entra sin
miedo, lo he dispuesto todo de tal forma que no tropieces con el vacío a medida
que avanzas, ni te asfixies con los restos de este orgullo durante el tiempo
que decidas permanecer dentro.
Como en cualquier camino inexplorado hallarás varios atajos
en los cuales tienes la posibilidad de adentrarte; cada uno de ellos te irá
dando pistas para que al fin comprendas todo aquello que a fuerza de besos no
logré transmitirte. Pero todo desafío conlleva sus riesgos, así que si vas a
apostar hazlo por aquello que, a pesar de fallarte, siempre ha estado cerca.
Hoy pienso en la cantidad de veces que metimos freno de mano,
las innumerables ocasiones en las que sucumbimos ante el miedo. No sé si eres
consciente, pero antaño las cicatrices no producían este ardor tan profundo
ante cada palabra desafortunada.
Porque cuando ya te han roto el corazón una vez, esa pureza,
ingenuidad e impulsividad del primer amor se pierden. Entonces empiezas a amar
en todos los tiempos verbales salvo en el presente. Te obligas a recordar cada
uno de los errores cometidos en el pasado, con la absurda seguridad de que ello
te salvará de cagarla nuevamente. Proyectas, casi religiosamente, auto-convenciéndote
de que esta vez será distinto, de que todo saldrá bien y no sufriréis ninguno
de los dos, os amaréis por siempre y todo será perfecto. Nunca os cansaréis, porque estáis dotados de una sensibilidad especial que nadie más posee, y la llama seguirá igual de encendida que el primer día, por los tiempos de los tiempos.
Pero la cruda realidad es que el amor no entiende de tiempos
ni espacios, ni tan si quiera de nombres y apellidos. Es excesivamente celoso
de su libertad, y a la mínima presión se hace agua y se te escurre por entre
los dedos. Porque la gran mayoría de personas se hace pequeñita ante él, se
engancha y acaba alargándolo más de la cuenta por el horror que siente ante la
idea de llegar a pensar que efectivamente ha cogido las maletas y se ha
esfumado, sin avisar y en el momento menos oportuno.
Por todo esto y por nada, hoy te afirmo, con plena convicción,
que tanto sentimiento ocioso nunca ha resultado útil. Porque no puedo
prometer amarte toda la vida, pero te juro que durante el tiempo que lo haga
mi vida será casi tan tuya como mía.
