sábado, 24 de noviembre de 2012

Yo amé, tú amarás.


De a poquito y con calma. No enciendas la luz. Entra sin miedo, lo he dispuesto todo de tal forma que no tropieces con el vacío a medida que avanzas, ni te asfixies con los restos de este orgullo durante el tiempo que decidas permanecer dentro.

Como en cualquier camino inexplorado hallarás varios atajos en los cuales tienes la posibilidad de adentrarte; cada uno de ellos te irá dando pistas para que al fin comprendas todo aquello que a fuerza de besos no logré transmitirte. Pero todo desafío conlleva sus riesgos, así que si vas a apostar hazlo por aquello que, a pesar de fallarte, siempre ha estado cerca.

Hoy pienso en la cantidad de veces que metimos freno de mano, las innumerables ocasiones en las que sucumbimos ante el miedo. No sé si eres consciente, pero antaño las cicatrices no producían este ardor tan profundo ante cada palabra desafortunada.

Porque cuando ya te han roto el corazón una vez, esa pureza, ingenuidad e impulsividad del primer amor se pierden. Entonces empiezas a amar en todos los tiempos verbales salvo en el presente. Te obligas a recordar cada uno de los errores cometidos en el pasado, con la absurda seguridad de que ello te salvará de cagarla nuevamente. Proyectas, casi religiosamente, auto-convenciéndote de que esta vez será distinto, de que todo saldrá bien y no sufriréis ninguno de los dos, os amaréis por siempre y todo será perfecto. Nunca os cansaréis, porque estáis dotados de una sensibilidad especial que nadie más posee, y la llama seguirá igual de encendida que el primer día, por los tiempos de los tiempos.

Pero la cruda realidad es que el amor no entiende de tiempos ni espacios, ni tan si quiera de nombres y apellidos. Es excesivamente celoso de su libertad, y a la mínima presión se hace agua y se te escurre por entre los dedos. Porque la gran mayoría de personas se hace pequeñita ante él, se engancha y acaba alargándolo más de la cuenta por el horror que siente ante la idea de llegar a pensar que efectivamente ha cogido las maletas y se ha esfumado, sin avisar y en el momento menos oportuno.

Por todo esto y por nada, hoy te afirmo, con plena convicción, que tanto sentimiento ocioso nunca ha resultado útil. Porque no puedo prometer amarte toda la vida, pero te juro que durante el tiempo que lo haga mi vida será casi tan tuya como mía.

martes, 30 de octubre de 2012

1.



La línea que siguen mis pensamientos nunca ha sido del todo coherente, bien lo sabes. Las marcas que juegan las veces de ornamento por aquí dentro nunca han sido del todo mías, del todo tuyas.

Que por querer nunca he querido que me quisieses por el mero hecho de quererme. Que por haber nunca ha habido melodía más dulce que el palpitar de tu corazón sobre mi pecho.

Que si hoy me preguntan por qué, qué es lo que tiene, cómo funciona, o a dónde nos lleva, no hay mucho que pueda decir.

No sé decirte que forma tiene, ni si los domingos se viste de traje y se crece. Puedo contarte que se tiñe de todos los colores, que del sabor más dulce al más amargo sólo hay un par de falsas despedidas. Que la correlación que existe entre su fuerza y eso que algunos llaman felicidad suele ser positiva.

No sé por qué le da por crecer tanto en un espacio tan pequeño, ni menos aún como tiene la osadía de mandar por encima de mi cabeza, del ínfimo espacio racional que dejas por esos rincones cuando te esparces a tus anchas, cuando te dejas ser tú. Cuando me dejas ser contigo.

domingo, 21 de octubre de 2012

¿Por qué?





Cual niño pequeño, quemando horas preguntándonos sobre el porqué de las cosas. Incansables, insaciables. Es como si nos resultase imprescindible conocer al milímetro las razones que envuelven todos y cada uno de los hechos que se nos presentan ¿Por qué me duele tanto? ¿Por qué me siento así? ¿Por qué no soy feliz?


Avanzamos con la esperanza de que, algún día, sin hacer mucho ruido y con mucho tacto, las explicaciones golpeen las puertas de nuestra querida mente, llenándonos de una sensación tan gratificante como sólo puede serlo el entender todo lo que acontece en nuestra realidad. Porque el ser humano no se resigna a que las cosas pasen sin más, en absoluto; busca incesante esa posición de control que, siente, se le es otorgada cuando consigue formular deducciones medianamente razonables para darle sentido a todo.


Pero lo cierto es que no todo lo que ocurre oculta una explicación racional en su interior. No todo es justificable, algunas cosas pasan sin más, sin razón aparente. Muchas veces nos encontramos con situaciones injustas, dolorosas e incluso nos atrapan destinos ineludibles y, lo siento, mas no todo tiene su anhelado porqué esperando a ser descubierto en el momento de mayor convicción.

 Los accidentes, por cierto, también existen.
 Y, otra vez, ese dichoso porqué pidiendo a gritos un análisis por parte de las neuronas que aún conservo.

Quizás lo único que nos hace falta para vivir un poco más tranquilos es dejar ciertas cosas en manos de ese famoso “Todo lo que pasa, pasa por algo”. Quitarnos un peso de encima, no buscar responsabilidad o intentar eximirnos de culpas innecesariamente. Tal vez nunca lo consigamos.


domingo, 7 de octubre de 2012

Coleccionista de instantes



Un día me preguntó que de dónde venían los sueños. Le noté triste, con la mirada ahogada en un cúmulo de recuerdos que hurgaban en los rincones más sensibles de su interior. Imagínate mi cara de idiota cuando tuve que explicarle que los míos nacían en la comisura de sus labios cada vez me dedicaba una sonrisa. No lo hice. 

En su lugar me limité a esconder el corazón en el bolsillo derecho de mis vaqueros desgastados, cagada por si esos ojitos cansados me descubrían y me tocaba huir corriendo por entre mis pensamientos confusos. Porque nunca he sido buena atleta, y porque jamás me había sentido tan responsable de mis palabras como en aquel momento en que me observaba expectante, con la esperanza de que mi respuesta limpiase un poco el vaho del cristal que cubría su pecho.

Lo que nunca le dije es que yo no sabía exactamente de dónde venían, ni por qué se cumplían o iban a parar al cajón de los anhelos frustrados. De lo único que tenía certeza era de que su felicidad era uno de los míos, y eso bastó para inventar una historia llena de porqués que bailaban entre razones y falsas explicaciones teñidas de un entendimiento del que jamás fui poseedora. Porque yo no necesitaba más motivos. Porque el único motivo era él.

lunes, 11 de junio de 2012

Que me tiemble el pulso, las manos, que nos duela la piel al tocarnos.

"Haz que me rompa en pedazos con la eficacia de tus abrazos.
Que me tiemble el pulso, las manos, que nos duela la piel al tocarnos.
Vamos a tirarnos desde lo más alto, vamos a bajar rodando.
Vamos a ver quién cae el primero, quién le quita al otro el sueño.
Que si no me haces nada, yo quiero hacerte todo y así giramos juntos dentro de un calidoscopio."


Respuestas, supongo que es lo único que necesito. Lo más inmediato al menos. Y muy posiblemente no las encuentre pensado en cómo he podido ser tan estúpidamente ingenua. Probablemente los remaches de la coraza que me enfundo día a día no están del todo seguros, y otra vez el miedo me impide dibujar espirales en coches que piden a gritos una limpieza. La misma que suplica mi cabeza.

El tiempo es la mejor medicina, o eso dicen. Pero el misterio que lo envuelve es celoso en exceso -como yo- y todavía no consigo descifrar cómo funciona del todo. Sigo preguntándome qué es lo que cura exactamente, y cómo, y por qué, y dónde puedo comprar un plus de amnesia para sanar. Todo sería mucho más sencillo si los dolores emocionales pudiesen desaparecer con una aspirina, o un corte, o una copa cargada -o varias-. 

Al día de hoy no puedo decir mucho sobre el amor, salvo que te deja jodidamente desorientada y precisa mucho más tiempo para olvidar del mentalmente sostenible. Sin embargo puedo contar mucho de esos días en que salir de la cama parece un reto digno de los más valientes. Y está claro que no soy uno de ellos.


"Voy a meterme en tu vestido de flores hasta el jardín para sacarte los colores. Ven con tejanos pitillo y chaqueta, que yo te quito hasta el acento de tu tierra. Voy a comerte aunque estés muy picante, de postre tus pecas de chocolate. Un último baile, que en un beso te quedes sin aire."

martes, 5 de junio de 2012

Y de tanto en tanto, entre tanto azar, pasa algo que realmente merece la pena, que nos marca, que perdura

Caricias que paran el tiempo, que enloquecen, que embriagan...
Entendí entonces que si hubiera sido posible adquirir de alguna forma los pasos a seguir, se habría perdido por completo la esencia de eso que llaman vivir. 





domingo, 3 de junio de 2012

Si la cosa va de ser sinceros prefiero mil “te odio” a un adiós definitivo

Nos han fallado, nos han follado y nos han sacado mil sonrisas de esas que te dejan el rostro paralizado del dolor. Hemos aprendido a andar con el corazón roto, a volar con las alas partidas por todos aquellos terrenos que se empeñaron en restringirnos. Si te soy honesta ninguna enseñanza ha valido más hasta el momento que la de saber nadar entre aguas turbulentas cuando los ojos ciegan, cuando los labios tiemblan. Con el tiempo he interiorizado la idea de que lo que nos mueve no es eso que tocamos, sino precisamente eso que anhelamos y nos obliga a luchar con uñas y dientes contra nuestro peor enemigo, nosotros mismos. Lo intangible, lo valioso, lo idealizado.



Porque si nos movemos por necesidad yo me muevo por ti, y ese tú abarca tanto, a tantos, que resulta imposible reducirlo a un inútil monosílabo.

Si me quieres siempre puedes hacerme rabiar. No voy a buscarte, pero a la mínima señal tendrás mi linterna alumbrado el camino que nunca supe iluminar para mí misma, porque tú sí que supiste. Porque resulta preciso escuchar un solo latido de los tuyos para poner en marcha esta fría máquina que por dentro arde.
Y llegados a este punto, tan cerca de la meta, me paro a respirar y doy las gracias, por todo, por nada. Porque si hoy soy capaz de sonreír no es por pura coincidencia.



Porque no sé si tuvo que ver lo de causa y efecto, pero a efectos prácticos fue jodidamente perfecto.

lunes, 23 de enero de 2012

Volver a morderte aunque todo vaya en contra

Mátame una vez más,
hazlo lento, sin pausa.
Regálame una sonrisa que me mate por dentro.
Recuérdame entre abriles,
olvídame los julios.
Dime que todavía no me has olvidado.
Rompe lo que queda de este corazón en mil trozos,
dáselo de ofrenda a tus nuevas musas.
Susúrrame cuánto te gustaba la forma en que te acariciaba.
Repróchame los cambios.
Y cuánto echas de menos ese mayo.
Quita mis dibujos de la pared y quémalos.
Y quémame.
Deja que el silencio hable por ti,
no escondas más tu orgullo.
Vomítame en la cara.
Oblígame a odiarme,
a torturarme,
a echarme de menos.
Sigue engordando este vació,
esta ausencia de calor.
Apóyate en el marco de la puerta y mírame.
Y enamórame una vez más.
Y que arda en el infierno.
Devuélveme lo que te has quedado de mí.
Guárdatelo debajo de la cama y sácalo en momentos amargos.
Derrite este hielo,
mézclalo con el licor de tus sueños.
Recuérdame cuánto me quieres todavía en los labios de otras.
Arráncame el corazón, devuélvemelo entero.
Ámame en soledad.
Sácame la lengua, que me derrita desde dentro.
Mírame una vez más como si fuese lo único que queda de tu mundo.
Échame de menos.
Ódiame y amortigua este odio propio.
Y convierte en agua salada estos ojos,
ennegrecidos por la espera.
Líbrame del miedo,
de los fantasmas,
del pasado.
Enséñame la salida, señálame con prodigiosas manos.
Júrame que todo va a salir bien,
que todo va a pasar.
Hazme volar sin direcciones,
sin tiempo, sin espacio.
Regálame un trocito de ese cielo tan nuestro,
tan olvidado, tan anhelado.
Sécame las lágrimas con tristeza.
Déjame bailar una vez más sobre tu pelo,
Vuelve a pedirme que no me vaya.
Sóplame las sombras.
Dime que me prefieres azucarada.
Ruégame que te espere,
y que oscile el mundo con un beso y dos promesas.
Por siempre.
Para siempre.
Devuélveme esas ganas de comerme el mundo,
cómetelo por mí.
Guárdame una milésima de ese año.
Enciende la luz.
Enséñamelo todo desde el principio.
Ahógame en los colores de tu boca.
Haz que te odie
y arréglalo en cuestión de segundos.
Y respírame a cuestión de milímetros.
Mídeme el pulso en la sien.
Échame de tu cama,
de tu mente, de tu vida.
Déjame con las ganas,
quédate con ellas.
Vuélveme loca.
Escarmiéntame.
Conviérteme en lo que quieres que sea.
Rompe mis esquemas.
Guárdame en las palmas de tus manos.
Y en tu recuerdo.
Mátame una vez más,
hazlo lento, sin pausa.
Regálame una sonrisa que me mate por dentro.
Acuéstate a mi vera,
quédate esta noche.
Desaparece mañana.
Corre lejos, vuelve pronto.
No me dejes.


domingo, 22 de enero de 2012

Dime lo que quieres que sea, y lo seré por ti

Una nueva mirada al pasado, sentada con el corazón roto y una sudadera que ya no huele a ti. Me eximo de culpas, son estas cuatro paredes que no se resignan a tu desaparición las que me obligan a escribir una vez más.
Ausencia por todas partes, unas manos frías que piden a gritos el roce de las tuyas y este vacío que no me deja en paz.

Hoy más que nunca necesito hablar con mi novio, con mi mejor amigo, con esos ojos que me miraban como si fuese para ellos lo más importante que ha pisado su mundo. Hoy sería capaz de atravesar mares para comprar uno de esos besos que ahora vendes a tan alto precio. Hoy lo necesito. Hoy caigo y me hundo otra vez porque hoy no te tengo.

Llanto cósmico que se niega a cesar por celos, que se muere porque te mantienes tan ajeno, que en el fondo desea gritar a los cuatro vientos que te necesita. Porque vivir con el corazón a medias no es vivir.

Devuélveme la vida, mis ojos, nuestra historia, mi 1 de mayo, mi año a tu lado. Regálame una sonrisa que me mate por dentro, hazlo por compasión, te lo ruego. Haz un esfuerzo y dime que todo va a salir bien, que las estrellas volverán a salir en este cielo opaco que me oprime. Bésame, para que pueda seguir cavando mi tumba día a día con la esperanza de aprender a vivir sin dormir la siesta echa miel bajo tus brazos.

Tu abrazo, mi guarida perfecta. Tus besos, mi billete de salida de la realidad siempre que el mundo parecía girar con excesiva rapidez. Te prometo que quiero aprender a dormir sin tener que llenar este vacío que dejaste con la almohada, que también está cansada de asistir a mis funciones trágicas. Quiero recuperar mi independencia, anhelo desprenderme de esta droga en la que te has convertido, que cada vez pide dosis más fuertes.

Hazme rabiar, oblígame a llorar, mándame lo más lejos que puedas y olvídate de mí pero, por favor, no desaparezcas.

Sensaciones que me desconciertan, me compungen, y otra vez se hace imposible despertarme sin tus latidos zumbándome en el oído izquierdo. El cristal roto de mi ventana se queja, no se resigna a que su frío pase desapercibido desde que tu huida congeló las paredes de este cuerpo que cada día se odia más.
Nuestra historia transcurrió en un abrir y cerrar de ojos, será que en el cielo usan otro tipo de relojes. El después, sin embargo, lo vivo a cámara lenta. Cuento segundos, espero. Este invierno que no sabe contar, que no entiende de olvidos, que sigue esperando cada viernes montarse en tu coche camino de la felicidad más grande del mundo.

Miedo. Una vez más, temblores ante lo que deparará este futuro incierto y caprichoso. Este tiempo malcriado que se ha acostumbrado a refugiarse en ese número uno cada vez que pincha el pecho.

Y ahora insúltame, trátame como si fuese un ser despreciable, dime que te arrepientes de todo, que ya no me quieres, que ya no te gusto. Hazme rabiar, oblígame a llorar, mándame lo más lejos que puedas y olvídate de mí pero, por favor, no desaparezcas

domingo, 15 de enero de 2012

Sigo buscando ese factor exógeno que me sople lejos de este sitio

Cierra los ojos, respira, cuenta hasta 10, o hasta 157. Todo lo que necesites, no dejes que te corten más el aire.
Muchas veces empiezo a contar y me quedo en el 1, o en el 5, pero siempre hay algo que me empuja a seguir bailando entre los números.
Días como hoy me apalanco, echo la vista atrás y no quiero volver al presente. Después de soñar tanto tiempo con retroceder al pasado, hay veces en que no me encuentro en este tiempo, este espacio.
Intentar salir de esto en ocasiones se me queda grande, se torna imposible. Hoy lo veo todo negro, oscuro, borroso. Me pregunto si todo ha merecido la pena, ¿pero qué todo?
Agua salada por todas partes, y una ventana abierta que no deja entrar el aire. Espacio condensado, interior comprimido, exterior disfrazado.

Sigo buscando la fórmula, mis teorías caen en efecto dominó. No te entiendo, no me entiendo, no los entiendo. 
Cierro los ojos y empiezo a contar, escenas vuelan a su gusto en un escenario demacrado, sucio, muchas veces abandonado y rehuido por el miedo. Pero mi mente sigue ahí, repasando a conciencia todos los momentos, la película que he ido creando inconscientemente.
Necesito bajarme del tren, pero no encuentro la forma y en cada parada mil excusas me retienen con ilusiones, mentiras, humo de colores. Y la marcha no cesa, la velocidad aumenta y disminuye sin referente rítmico aparente.
Estoy en el límite, en el limbo. No tengo palabras para explicarte cómo es este sitio, ni creo que pueda definirse de forma alguna. Solo lo entiendes una vez que pasas por él, cuando dejas que deje sus marcas en ti.
Marcas que no se borrarán nunca.
Marcas que no quiero que se borren.
En este mundo se pierde la noción del tiempo, de la realidad y lo ficticio.
Los pasajeros toman asiento  y cierran los ojos, quizás para comenzar su propia secuencia de números. Todos duermen, o sueñan, o viven. Lo único realmente cierto es que todos sabemos que estamos aquí, aunque nadie se atreve a decirlo. El tren para una vez más y abre sus puertas, invitando a la multitud a abandonar su territorio. Nadie se mueve. Caras de desolación, de angustia, indiferencia por parte de los recién llegados y resignación en el rostro de los veteranos. Tras unos segundos las puertas se cierran, se oyen algunos llantos, otros pocos resoplos, y a continuación silencio absoluto.
Se apagan las luces, acaba la función.
Punto muerto.

martes, 10 de enero de 2012

No me lo cuentes

Que yo sé tan bien como tú
lo que es levantarte en otro espacio,
otro cuerpo, otra mente
y no reconocerte.
Lo que es odiarse en días negros,
vomitar rabia y  desprecio,
y querer desaparecer y despertarte en otra realidad.
Y también conozco esa sensación,
sabes perfectamente de lo que te hablo,
esa que se activa de un segundo a otro
y te hace sentir la persona más afortunada del mundo.
Y sé lo que es sentirse bipolar,
querer que estalle la III Guerra Mundial
y mandar todo a la mierda por una de esas sonrisas.
Yo también he pasado más horas pensando en sus ojos,
que mirándome al espejo
y créeme que eso es mucho tiempo.
No hace falta que me cuentes cómo te seduce
con sus palabras, sus gestos,
ni como te hace reír con sus cosas,
esas que solo parece tener él.
Y cómo se te queda mirando
y hace que te importe una mierda que arda el mundo,
en ese segundo, ese instante,
en el que no cabe más en tu mente
que la forma en que se toca el pelo de manera descuidada.
Te entiendo, lo he vivido.
He pasado mil cosas a su lado,
amor,
desamor,
odio,
indiferencia,
anhelo,
esperanza,
resignación.
Me he muerto mil veces por su culpa,
tantas como susurros al oído me ha dedicado.
Y me he sentido estúpida,
loca, desplazada,
amada y usada.
Pero todo lo he olvidado con una de sus llamadas,
con uno de sus “no sabes como te he echado de menos hoy”.
Que sí, que lo sé,
que sé como nadie la forma en que mueve sus labios
y parece que nunca son suficientes sus besos.
Y conozco más que ninguna otra
todas sus palabras, sus trucos,
sus besos, su cuerpo.
Yo también he contado cada lunar de su espalda
y he acariciado su piel dejando marcas,
deseando que nunca se borrasen,
que dejasen un recuerdo mío permanente.
Yo sé lo que es que tu mundo acabe debajo de sus sábanas,
sentirte en una jodida nube cuando te roza con los dedos
y entrelazar tus pies con los suyos,
sentir el calor de sus abrazos,
del deseo,
el pinchazo en el pecho.
Me he sentido más protegida a su vera
que bajo protección de cualquier ángel,
y te lo digo porque también he mandado a la mierda dioses,
leyes,
reglas,
a mí misma.
Y he vivido ese temor a perderle
y perder la vida,
y la cabeza,
y nunca volver a ser la misma.
Y he sentido esa desesperación,
ese miedo a que a después de él nunca fuese suficiente,
esa locura de pensar “salgo y voy a verle como sea”.
Y he justificado todo medio por el fin,
por ser él el fin,
por ser el fin de mi cordura esa espalda.
No hace falta que me lo cuentes,
lo he pasado en carne propia,
a veces todavía lo vivo.
Porque yo sé lo que vale,
que se merece el mundo aunque a veces me joda como nadie.
Porque antes que todas las demás
ya me ocupé yo de intentar que pisase cielo.
Porque para mí fue el primero
y las primeras veces suelen recordarse para siempre.
Porque aunque me ignore,
pase de mí como si nunca hubiera existido
y me lo niegue cada segundo,
esos ojos todavía me pierden.
Y esa sonrisa, y esas manos.
Y esa despreocupación por su alrededor.
Porque antes que vosotras
yo pisé su terreno y lo hice mío.
Porque de ahora en más,
aunque no lo quiera,
cuando me mire sabrá que algún día fui suya,
pese a quien le pese.
Porque pase lo que pase
ya me encargaré yo de que a ese corazón no le falte nada,
porque le dejo el mundo a sus puertas
y aunque en su vida yo no esté, él en la mía sí.
Porque si tengo que ver su cara
cada puta vez que busco las estrellas,
prefiero que me acompañe,
aunque sólo sean imaginaciones mías.

lunes, 9 de enero de 2012

Prueba de este agua, te sentirás mejor

Tiene algo mágico, ¿lo sientes? Las cosas nunca son tan negras, sé de lo que te hablo. A veces puede que no puedas respirar, que te quedes sin aire, pero siempre habrá algo, alguien que te dará un respiro, un poco de brisa despejadora. Suerte que nadie te pida que sonrías las 24 horas del día, 7 días a la semana. De vez en cuando está permitido verlo todo borroso, tener asco por el mundo, eso sólo hará más asombroso el despertar.

Sí, es verdad que el tiempo deja huella por donde pasa, que las cosas cambian, y la gente a la par. Pero tú también cambias, y descubres mil cosas que tenías dentro y ni siquiera sabías que estaban ahí, esperando que sucediese algo lo suficientemente importante como para salir.

Yo he cambiado, soy una persona completamente diferente, sólo conservo mi esencia. Esto me ha servido para reflexionar más sobre todo lo que me pasa, sobre todo lo que siento. He aprendido a priorizar, a ser feliz y estar triste cuando la situación lo requiera.  Intento dejar de usar las lágrimas por ocio, regalo sonrisas siempre que puedo.

Y eso siempre viene bien, lo sé porque lo he vivido. Al principio intenté llevar toda la carga en silencio, sin hacer ruido apenas, por orgullo, por vergüenza, porque los demás ya tenían bastante con lo suyo. Pero compartirlo, escuchar, recibir y dar consejos siempre que se pueda es fundamental para superar cualquier crisis. Y una buena dosis de positivismo ante todo.

Toda la caída me ofreció una versión distorsionada de los hechos, que hoy sé distinguir de la realidad, o al menos eso creo. La primera reacción fue refugiarme en la indiferencia, más tarde cargar todas las culpas a mi espalda. La segunda fase fue más dura sin duda, y el sentimiento de culpabilidad se vio incrementado por haber actuado de esa manera al principio. Todo ello me creó una confusión, una especie de desorientación que ha dejado secuelas. Me odié por momentos, y a veces todavía lo hago, pero intento equilibrarlo con los momentos de amor propio, porque al día de hoy sí que quiero estar bien conmigo misma, encontrarme bien con mis sentimientos, mi mente, mi cuerpo, mis virtudes y mis defectos…

Todavía tengo mis momentos, días en los que no entiendo a las personas, ni a mí misma, ratos en los que no encuentro mi sitio. Pero son tan cortos comparados con los tormentos de hace unos meses, que apenas les doy un poco de atención, lo justo para que sepan que los tengo en cuenta, pero que las ganas de luchar siguen ahí.

Lo más positivo que saco de todo esto es el haberme conocido a mí misma, el haber crecido, madurado, porque aún considerándome una niña sé que lo he hecho. Soy consciente de todos los cambios, las nuevas perspectivas disponibles, los nuevos recursos renovables que tengo a mano.

Me he desecho y rehecho de a poco, con paciencia y con mucho a cuestas. Y por todo lo que he pasado, sufrido, llorado y odiado, hoy soy mucho más receptiva con las personas. Me duele ver que la gente lo pasa mal, que está triste, que se siente como yo me he sentido tantas veces. De ahí que me preocupe, a veces demasiado quizás, por los sentimientos ajenos. Esa es la razón por la cual, por acto reflejo ya, se ha vuelto una pregunta muy recurrida en mis conversaciones el típico “¿Cómo estás?”. De hecho muchas veces me involucro demasiado, llego a estorbar quizás, por el simple hecho de que, al identificarme con el dolor, intento por todos los medios que eso cambie. 

Pero me consuela pensar que, si algún día vuelvo a perder el control de todo eso que siento por aquí dentro, y se vuelve todo un caos –y estoy segura de que me sucederá mil veces a lo largo de la vida-, puede que aparezca una persona que se preocupe, sin interés más allá de sacarme una sonrisa, de darme un pincel y una paleta de cientos de colores cuando lo pinte todo en blanco y negro. Y si no aparece, sabré levantarme por mí misma, una vez más.


jueves, 5 de enero de 2012

No peines el pasado espinoso con espuma

La primera vez que te vi, nervios propios de esa niñez que todavía me caracteriza. Nuestra historia no tuvo uno de esos principios mágicos, de amor a primera vista, y supongo que por eso fue tan especial. Lo aprendimos todo desde el principio, no saltamos ni una sola fase, caminamos juntos de principio a fin.
Tócame, ¿lo notas? Yo te lo noto, no somos lo mismo, ni los mismos. Ha cambiado, el mundo es diferente, los colores no se ven igual. Pero nos ha servido, ¿verdad? Dime que nos ha servido. Grítame que todo esto ha tenido que pasar por algo, y hazlo de tal manera que no dude ni un segundo. Ni un segundo más, ni uno menos. Era el momento, es el momento. Es el instante en el que deberíamos decirlo todo, pero como siempre confío en que nuestra amiga la cobardía nos ampare para que no suceda.
Es difícil hacer como si no pasara nada, en ocasiones se torna imposible. ¿En qué nos hemos convertido? ¿Quiénes somos ahora? Yo todavía no lo tengo claro, no sabes la falta que me hace falta hablar a veces contigo, de banalidades, del tiempo en Pekín, de la infidelidad de la vecina del 2º. Escuchar esa voz que hace tiempo me cortaba la respiración, que me regales una de esas sonrisas que todavía me iluminan la cara.
Cosas que jamás sabrás, pero una excusa que me recuerda que estuviste aquí, que dejaste marcas imborrables, que me enseñaste cosas que intentaré siempre poner en práctica. Que la vida son dos días, y me alegra saber que uno de ellos lo gastamos juntos, siendo uno.

martes, 3 de enero de 2012

Aún así, te echo de menos

¿Cuáles son las novedades? ¿Cómo estoy? Difícil explicártelo, han pasado tantas cosas…pasan tantas cosas desde que no estás a mi lado que no sé por dónde empezar.
Cada día el dolor es más leve, el recuerdo más borroso. Si te soy sincera ya no me acuerdo de cómo sabían tus besos, esos que tantas noches me robaron.  Tus abrazos ya no me torturan, tus frases al oído cada vez aparecen menos por las noches. Tus susurros ya casi no me persiguen, las caídas repentinas de esa coraza que ahora me cubre ocurren con menos frecuencia. Y si me preguntas sobre cómo me siento al respecto, no sé qué contestarte.
Me alivia volver a sonreír de verdad de vez en cuando, poder ser feliz  veces, pero por otra parte no me quito el sabor de boca de que la separación es inminente, irremediable. No me desprendo de la sensación de que, con el tiempo, seremos dos personas más, vulgares y cotidianas como el resto,  que agacharán la cabeza si se encuentran por la calle para evitar lo incómodo de ese reencuentro. No superamos las adversidades, eso está claro, no fuimos capaces, pero me aferro a la idea de que todo pasa por algo, de que todo lo que empieza tiene un final, y por más que me haya costado entenderlo, nuestro final ocurrió hace tiempo.
Lo noto, noto cómo cambian las cosas. Te confieso que antes, por las noches, solía pensar en ti para dormirme, recuerdos me asolaban y siempre acababa igual, llorando y destruida. Eso ya no me pasa. Ahora consigo dormirme sin tener que pasar previamente por ese purgatorio, ¿sabes? Incluso consigo soñar cosas bonitas a veces. De hecho hoy en día soy capaz de soñar contigo y despertarme sonriendo al día siguiente.
Las cosas son diferentes ahora, sí, totalmente. Y supongo que el problema era mío, que me negaba a aceptar la derrota, el adiós, la separación. Y, cómo no, hoy te digo que aquello de “el tiempo todo lo cura” es cierto. Y como siempre, lo que me decían mis amigas, mi familia, todo el mundo, era cierto, pero no hay mayor ciego que el que no quiere ver. Los corazones rotos no piensan, no ven....

Y me pregunto cuál será mi hogar, cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta límites insospechados. Cuando he ...