Una nueva mirada al pasado, sentada con el corazón roto y una sudadera que ya no huele a ti. Me eximo de culpas, son estas cuatro paredes que no se resignan a tu desaparición las que me obligan a escribir una vez más.
Ausencia por todas partes, unas manos frías que piden a gritos el roce de las tuyas y este vacío que no me deja en paz.
Hoy más que nunca necesito hablar con mi novio, con mi mejor amigo, con esos ojos que me miraban como si fuese para ellos lo más importante que ha pisado su mundo. Hoy sería capaz de atravesar mares para comprar uno de esos besos que ahora vendes a tan alto precio. Hoy lo necesito. Hoy caigo y me hundo otra vez porque hoy no te tengo.
Llanto cósmico que se niega a cesar por celos, que se muere porque te mantienes tan ajeno, que en el fondo desea gritar a los cuatro vientos que te necesita. Porque vivir con el corazón a medias no es vivir.
Devuélveme la vida, mis ojos, nuestra historia, mi 1 de mayo, mi año a tu lado. Regálame una sonrisa que me mate por dentro, hazlo por compasión, te lo ruego. Haz un esfuerzo y dime que todo va a salir bien, que las estrellas volverán a salir en este cielo opaco que me oprime. Bésame, para que pueda seguir cavando mi tumba día a día con la esperanza de aprender a vivir sin dormir la siesta echa miel bajo tus brazos.
Tu abrazo, mi guarida perfecta. Tus besos, mi billete de salida de la realidad siempre que el mundo parecía girar con excesiva rapidez. Te prometo que quiero aprender a dormir sin tener que llenar este vacío que dejaste con la almohada, que también está cansada de asistir a mis funciones trágicas. Quiero recuperar mi independencia, anhelo desprenderme de esta droga en la que te has convertido, que cada vez pide dosis más fuertes.
Hazme rabiar, oblígame a llorar, mándame lo más lejos que puedas y olvídate de mí pero, por favor, no desaparezcas.
Sensaciones que me desconciertan, me compungen, y otra vez se hace imposible despertarme sin tus latidos zumbándome en el oído izquierdo. El cristal roto de mi ventana se queja, no se resigna a que su frío pase desapercibido desde que tu huida congeló las paredes de este cuerpo que cada día se odia más.
Nuestra historia transcurrió en un abrir y cerrar de ojos, será que en el cielo usan otro tipo de relojes. El después, sin embargo, lo vivo a cámara lenta. Cuento segundos, espero. Este invierno que no sabe contar, que no entiende de olvidos, que sigue esperando cada viernes montarse en tu coche camino de la felicidad más grande del mundo.
Miedo. Una vez más, temblores ante lo que deparará este futuro incierto y caprichoso. Este tiempo malcriado que se ha acostumbrado a refugiarse en ese número uno cada vez que pincha el pecho.
Y ahora insúltame, trátame como si fuese un ser despreciable, dime que te arrepientes de todo, que ya no me quieres, que ya no te gusto. Hazme rabiar, oblígame a llorar, mándame lo más lejos que puedas y olvídate de mí pero, por favor, no desaparezcas.