lunes, 11 de junio de 2012

Que me tiemble el pulso, las manos, que nos duela la piel al tocarnos.

"Haz que me rompa en pedazos con la eficacia de tus abrazos.
Que me tiemble el pulso, las manos, que nos duela la piel al tocarnos.
Vamos a tirarnos desde lo más alto, vamos a bajar rodando.
Vamos a ver quién cae el primero, quién le quita al otro el sueño.
Que si no me haces nada, yo quiero hacerte todo y así giramos juntos dentro de un calidoscopio."


Respuestas, supongo que es lo único que necesito. Lo más inmediato al menos. Y muy posiblemente no las encuentre pensado en cómo he podido ser tan estúpidamente ingenua. Probablemente los remaches de la coraza que me enfundo día a día no están del todo seguros, y otra vez el miedo me impide dibujar espirales en coches que piden a gritos una limpieza. La misma que suplica mi cabeza.

El tiempo es la mejor medicina, o eso dicen. Pero el misterio que lo envuelve es celoso en exceso -como yo- y todavía no consigo descifrar cómo funciona del todo. Sigo preguntándome qué es lo que cura exactamente, y cómo, y por qué, y dónde puedo comprar un plus de amnesia para sanar. Todo sería mucho más sencillo si los dolores emocionales pudiesen desaparecer con una aspirina, o un corte, o una copa cargada -o varias-. 

Al día de hoy no puedo decir mucho sobre el amor, salvo que te deja jodidamente desorientada y precisa mucho más tiempo para olvidar del mentalmente sostenible. Sin embargo puedo contar mucho de esos días en que salir de la cama parece un reto digno de los más valientes. Y está claro que no soy uno de ellos.


"Voy a meterme en tu vestido de flores hasta el jardín para sacarte los colores. Ven con tejanos pitillo y chaqueta, que yo te quito hasta el acento de tu tierra. Voy a comerte aunque estés muy picante, de postre tus pecas de chocolate. Un último baile, que en un beso te quedes sin aire."

martes, 5 de junio de 2012

Y de tanto en tanto, entre tanto azar, pasa algo que realmente merece la pena, que nos marca, que perdura

Caricias que paran el tiempo, que enloquecen, que embriagan...
Entendí entonces que si hubiera sido posible adquirir de alguna forma los pasos a seguir, se habría perdido por completo la esencia de eso que llaman vivir. 





domingo, 3 de junio de 2012

Si la cosa va de ser sinceros prefiero mil “te odio” a un adiós definitivo

Nos han fallado, nos han follado y nos han sacado mil sonrisas de esas que te dejan el rostro paralizado del dolor. Hemos aprendido a andar con el corazón roto, a volar con las alas partidas por todos aquellos terrenos que se empeñaron en restringirnos. Si te soy honesta ninguna enseñanza ha valido más hasta el momento que la de saber nadar entre aguas turbulentas cuando los ojos ciegan, cuando los labios tiemblan. Con el tiempo he interiorizado la idea de que lo que nos mueve no es eso que tocamos, sino precisamente eso que anhelamos y nos obliga a luchar con uñas y dientes contra nuestro peor enemigo, nosotros mismos. Lo intangible, lo valioso, lo idealizado.



Porque si nos movemos por necesidad yo me muevo por ti, y ese tú abarca tanto, a tantos, que resulta imposible reducirlo a un inútil monosílabo.

Si me quieres siempre puedes hacerme rabiar. No voy a buscarte, pero a la mínima señal tendrás mi linterna alumbrado el camino que nunca supe iluminar para mí misma, porque tú sí que supiste. Porque resulta preciso escuchar un solo latido de los tuyos para poner en marcha esta fría máquina que por dentro arde.
Y llegados a este punto, tan cerca de la meta, me paro a respirar y doy las gracias, por todo, por nada. Porque si hoy soy capaz de sonreír no es por pura coincidencia.



Porque no sé si tuvo que ver lo de causa y efecto, pero a efectos prácticos fue jodidamente perfecto.

Y me pregunto cuál será mi hogar, cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta límites insospechados. Cuando he ...