lunes, 28 de enero de 2013

Sobrecarga de equipaje.


Como quien vive con la seguridad de un cambio, disfruto cada instante mucho más. Y llegados a este punto, entre risas y lágrimas, despedidas y reencuentros prematuros, algo por dentro se ha activado para archivar en mi memoria a largo plazo todos y cada uno de los momentos vividos en estos últimos seis años. Por si acaso, para que no se ausente en un futuro.

Lo amargo de los “te echaré de menos” que me esperan -y que pesarán mil veces más cuando sean sinceros-, sólo amortizados por la dulzura de esos “no sabes cuánta falta me has hecho” que brotarán sin pedir permiso llegado el momento.

Calles que ya no me invitarán a paseos eternos, sonrisas que no volverán a iluminarme días grises. Música que, inevitablemente, me transportará a esos “salte cinco minutos”, a los míticos “venga, tía, demos una vuelta”, y a las inolvidables historias que de las que he tenido la suerte de formar parte.

Que se me den fatal las despedidas es sólo uno de mis tantos defectos. Las palabras siempre han jugado a ordenarse solas al ritmo de lo que dictaba el corazón, que al día de hoy está inmerso en la más profunda de las confusiones y se siente objeto de un futuro indescifrable.

Al fin y al cabo somos tiempo. Tiempo que corre, que vuela, que a veces juega a desaparecer. 

Pero, quizás presa del pánico, me refugio una vez más en otorgarle un absurdo poder al destino, y me cobijo bajo ese famoso todo pasa por algo” -que tantas veces nos ha salvado-, aunque en ocasiones pese más el Yin y busque a tientas un poquito de ese sol tan necesario para su existencia.

Porque te voy a echar de menos. Porque te prometo un por siempre más fuerte que todo lo que se nos encare. Porque no estamos perdiendo, sino que estamos aprendiendo a ganar a costa de un esfuerzo mayor, con lo cual el mérito es superior. Porque muy poco en esta vida es ineludible, y te juro que el olvido no es una de esas cosas.

Porque las marcas me las llevo conmigo, y el dolor no es más que una prueba irrefutable de que todo esto ha pasado de verdad, de que existimos, de que no ha sido un sueño tremendamente caótico y satisfactorio a partes iguales.

Y te dejo de deberes obligarte, de vez en cuando, a pensar en mí; porque, aunque ya no esté a tu lado, seguiré estando contigo. Porque te prometo, día a día, recordarme no olvidar. Porque esto no es el fin. Porque te quiero. 

domingo, 6 de enero de 2013

¿Cómo hacerte saber?


¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?
Que uno solo tiene que buscarlo y dárselo.
Que nadie establece normas salvo la vida.
Que la vida sin ciertas normas pierde forma.
Que la forma no se pierde con abrirnos.
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.
Que no está prohibido amar.
Que también se puede odiar.
Que el odio y el amor son afectos.
Que la agresión porque sí, hiere mucho.
Que las heridas se cierran.
Que las puertas no deben cerrarse.
Que la mayor puerta es el afecto.
Que los afectos nos definen.
Que definirse no es remar contra la corriente.
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja.
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio.
Que negar palabras implica abrir distancias.
Que encontrarse es muy hermoso.
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.
Que la vida parte del sexo.
Que el porqué de los niños tiene un por qué.
Que querer saber de alguien no solo es curiosidad.
Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana.
Que nunca está de más agradecer.
Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo.
Que nadie quiere estar solo.
Que para no estar solo hay que dar.
Que para dar debimos recibir antes.
Que para que nos den también hay que saber cómo pedir.
Que saber pedir no es regalarse.
Que regalarse es en definitiva no quererse.
Que para que nos quieran debemos mostrar quiénes somos.
Que para que alguien sea hay que ayudarlo.
Que ayudar es poder alentar y apoyar.
Que adular no es ayudar.
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.
Que las cosas cara a cara son honestas.
Que nadie es honesto porque no roba.
Que el que roba no es ladrón por placer.
Que cuando no hay placer en hacer las cosas, no se está viviendo.
Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte.
Que se puede estar muerto en vida.
Que se siente con el cuerpo y la mente.
Que con los oídos se escucha.
Que cuesta ser sensible y no herirse.
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos levantamos muros.
Que quien siembra muros no recoge nada.
Que casi todos somos albañiles de muros.
Que sería mucho mejor construir puentes.
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve.
Que volver no implica retroceder.
Que retroceder puede ser también avanzar.
Que no por mucho avanzar se amanece mas cerca del sol.
Cómo hacerte saber, que nadie establece normas, salvo la vida…



Mario Benedetti 





miércoles, 2 de enero de 2013

CBPSR



El sofá es cómodo, la manta más nuestra que tuya. Y cuidado con mi culo gordo, puede que, sin querer, te sitúe a cuestión de milímetros de mis manos confusas de baby. Y no respondo.

No apagues la luz tan rápido, no te enciendas aún. Que a estas alturas este nada se viste de mucho, independiente y con su propio valor.

Hoy me falla el ingenio y te lo digo todo sin decírtelo, como ya es costumbre por aquí. Y un abandonado futuro cae rendido ante la vulgaridad de la realidad.

Que nunca he echado de más una sola de tus palabras, de tus comas; pero este punto y aparte me sabe a los miles de millones invertidos en despedidas, y no estoy segura de ser capaz de dejarte ir del todo. Porque ya no estás, pero sigues aquí. Porque ya no sé cómo echarte sin que te lleves contigo una pieza que encaja jodidamente bien en este puzzle.

La vista se me nubla y ya no quiero jugar más, salvo si de descifrar uno de tus acertijos se trata. Y lo de que a veces el ego nos juegue malas pasadas es parte esencial, hoy por hoy, de esta función que el dichoso tiempo se empeña en cancelar.

Te recuerdo que este contrato no tenía fecha de vencimiento y, hasta el momento, hemos cumplido todas las cláusulas.

Que aunque no quiera creerte nada, nunca he estado más segura. Que tus falsas declaraciones de intenciones acaban por ganarme. Que ser contigo siempre es mucho más interesante que ser a tu lado. Que si ésta es la definitiva y, llegados al hipotético punto de no retorno, puedo asegurarte que ha merecido la pena. Porque siempre has sabido romperme como nadie. Porque siempre has sido el motivo. 

Y me pregunto cuál será mi hogar, cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta límites insospechados. Cuando he ...