Y me pregunto cuál será mi hogar,
cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta
límites insospechados. Cuando he dejado de creer en las distancias y
en las barreras temporales. Cuando he conocido tanta gente buena en
tantos lugares distintos. Después de aprender que la vida, además
de encuentros, significa aprender a despedirse y dejar ir.
Ahora que, teniéndote tan lejos, te siento más cerca de lo que jamás imaginé posible. Ahora que se minimizan los daños colaterales. Hoy que me da por echar la vista atrás y me sorprendo ante la visión de lo que fue y se ha quedado suspendido en un vacío inconmovible. Esta noche que, ante tu recuerdo, no puedo sino sentirme afortunada por haberte tenido entre mis brazos. Por haberme aprendido tus virtudes y tus defectos, tus preferencias y tus costumbres.
Yo que hace algún tiempo claudiqué
antes las vicisitudes de una vida que nunca deja de sorprenderme.
Ahora que he dejado de buscar en cada esquina esas presencias que
antaño resultaban imprescindibles para encontrarle sentido a los
días nublados. Ahora que sé que lo que viene se va, que lo que se
tiene se puede perder, que nunca puede dar uno nada por sentado. Y
que la esencia de la existencia reside justamente en saber aprovechar
cada segundo. Hoy que, después de mucho discutir, soy capaz de
sentarme de vez en cuando a tomar un café con la vida para cerrar
ciertos capítulos que me mantenían anclada a un pasado que cada
día se hacía más pesado.
Después de descubrir todo lo que un
día en el mundo puede ofrecernos. Que uno aprende a vivir con las
pérdidas y que se puede disfrutar aún cuando se ha sufrido mucho.
Que la nostalgia va de la mano con la fortuna y que en ningún caso
son excluyentes. Ahora que sé que mi horizonte no lo dibuja nadie
salvo yo. Hoy que la luna me ha enseñado que sólo he de llorar
cuando el corazón lo exija y que, por el contrario, los motivos para
ser feliz son infinitos. Infinitos como el universo. Infinitos como
este hambre de seguir viviendo. Infinitos como el recuerdo, pero
también como el presente y la dulzura de saberse vivo.