domingo, 21 de octubre de 2012

¿Por qué?





Cual niño pequeño, quemando horas preguntándonos sobre el porqué de las cosas. Incansables, insaciables. Es como si nos resultase imprescindible conocer al milímetro las razones que envuelven todos y cada uno de los hechos que se nos presentan ¿Por qué me duele tanto? ¿Por qué me siento así? ¿Por qué no soy feliz?


Avanzamos con la esperanza de que, algún día, sin hacer mucho ruido y con mucho tacto, las explicaciones golpeen las puertas de nuestra querida mente, llenándonos de una sensación tan gratificante como sólo puede serlo el entender todo lo que acontece en nuestra realidad. Porque el ser humano no se resigna a que las cosas pasen sin más, en absoluto; busca incesante esa posición de control que, siente, se le es otorgada cuando consigue formular deducciones medianamente razonables para darle sentido a todo.


Pero lo cierto es que no todo lo que ocurre oculta una explicación racional en su interior. No todo es justificable, algunas cosas pasan sin más, sin razón aparente. Muchas veces nos encontramos con situaciones injustas, dolorosas e incluso nos atrapan destinos ineludibles y, lo siento, mas no todo tiene su anhelado porqué esperando a ser descubierto en el momento de mayor convicción.

 Los accidentes, por cierto, también existen.
 Y, otra vez, ese dichoso porqué pidiendo a gritos un análisis por parte de las neuronas que aún conservo.

Quizás lo único que nos hace falta para vivir un poco más tranquilos es dejar ciertas cosas en manos de ese famoso “Todo lo que pasa, pasa por algo”. Quitarnos un peso de encima, no buscar responsabilidad o intentar eximirnos de culpas innecesariamente. Tal vez nunca lo consigamos.


Y me pregunto cuál será mi hogar, cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta límites insospechados. Cuando he ...