martes, 10 de enero de 2012

No me lo cuentes

Que yo sé tan bien como tú
lo que es levantarte en otro espacio,
otro cuerpo, otra mente
y no reconocerte.
Lo que es odiarse en días negros,
vomitar rabia y  desprecio,
y querer desaparecer y despertarte en otra realidad.
Y también conozco esa sensación,
sabes perfectamente de lo que te hablo,
esa que se activa de un segundo a otro
y te hace sentir la persona más afortunada del mundo.
Y sé lo que es sentirse bipolar,
querer que estalle la III Guerra Mundial
y mandar todo a la mierda por una de esas sonrisas.
Yo también he pasado más horas pensando en sus ojos,
que mirándome al espejo
y créeme que eso es mucho tiempo.
No hace falta que me cuentes cómo te seduce
con sus palabras, sus gestos,
ni como te hace reír con sus cosas,
esas que solo parece tener él.
Y cómo se te queda mirando
y hace que te importe una mierda que arda el mundo,
en ese segundo, ese instante,
en el que no cabe más en tu mente
que la forma en que se toca el pelo de manera descuidada.
Te entiendo, lo he vivido.
He pasado mil cosas a su lado,
amor,
desamor,
odio,
indiferencia,
anhelo,
esperanza,
resignación.
Me he muerto mil veces por su culpa,
tantas como susurros al oído me ha dedicado.
Y me he sentido estúpida,
loca, desplazada,
amada y usada.
Pero todo lo he olvidado con una de sus llamadas,
con uno de sus “no sabes como te he echado de menos hoy”.
Que sí, que lo sé,
que sé como nadie la forma en que mueve sus labios
y parece que nunca son suficientes sus besos.
Y conozco más que ninguna otra
todas sus palabras, sus trucos,
sus besos, su cuerpo.
Yo también he contado cada lunar de su espalda
y he acariciado su piel dejando marcas,
deseando que nunca se borrasen,
que dejasen un recuerdo mío permanente.
Yo sé lo que es que tu mundo acabe debajo de sus sábanas,
sentirte en una jodida nube cuando te roza con los dedos
y entrelazar tus pies con los suyos,
sentir el calor de sus abrazos,
del deseo,
el pinchazo en el pecho.
Me he sentido más protegida a su vera
que bajo protección de cualquier ángel,
y te lo digo porque también he mandado a la mierda dioses,
leyes,
reglas,
a mí misma.
Y he vivido ese temor a perderle
y perder la vida,
y la cabeza,
y nunca volver a ser la misma.
Y he sentido esa desesperación,
ese miedo a que a después de él nunca fuese suficiente,
esa locura de pensar “salgo y voy a verle como sea”.
Y he justificado todo medio por el fin,
por ser él el fin,
por ser el fin de mi cordura esa espalda.
No hace falta que me lo cuentes,
lo he pasado en carne propia,
a veces todavía lo vivo.
Porque yo sé lo que vale,
que se merece el mundo aunque a veces me joda como nadie.
Porque antes que todas las demás
ya me ocupé yo de intentar que pisase cielo.
Porque para mí fue el primero
y las primeras veces suelen recordarse para siempre.
Porque aunque me ignore,
pase de mí como si nunca hubiera existido
y me lo niegue cada segundo,
esos ojos todavía me pierden.
Y esa sonrisa, y esas manos.
Y esa despreocupación por su alrededor.
Porque antes que vosotras
yo pisé su terreno y lo hice mío.
Porque de ahora en más,
aunque no lo quiera,
cuando me mire sabrá que algún día fui suya,
pese a quien le pese.
Porque pase lo que pase
ya me encargaré yo de que a ese corazón no le falte nada,
porque le dejo el mundo a sus puertas
y aunque en su vida yo no esté, él en la mía sí.
Porque si tengo que ver su cara
cada puta vez que busco las estrellas,
prefiero que me acompañe,
aunque sólo sean imaginaciones mías.

Y me pregunto cuál será mi hogar, cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta límites insospechados. Cuando he ...