martes, 30 de octubre de 2012

1.



La línea que siguen mis pensamientos nunca ha sido del todo coherente, bien lo sabes. Las marcas que juegan las veces de ornamento por aquí dentro nunca han sido del todo mías, del todo tuyas.

Que por querer nunca he querido que me quisieses por el mero hecho de quererme. Que por haber nunca ha habido melodía más dulce que el palpitar de tu corazón sobre mi pecho.

Que si hoy me preguntan por qué, qué es lo que tiene, cómo funciona, o a dónde nos lleva, no hay mucho que pueda decir.

No sé decirte que forma tiene, ni si los domingos se viste de traje y se crece. Puedo contarte que se tiñe de todos los colores, que del sabor más dulce al más amargo sólo hay un par de falsas despedidas. Que la correlación que existe entre su fuerza y eso que algunos llaman felicidad suele ser positiva.

No sé por qué le da por crecer tanto en un espacio tan pequeño, ni menos aún como tiene la osadía de mandar por encima de mi cabeza, del ínfimo espacio racional que dejas por esos rincones cuando te esparces a tus anchas, cuando te dejas ser tú. Cuando me dejas ser contigo.

domingo, 21 de octubre de 2012

¿Por qué?





Cual niño pequeño, quemando horas preguntándonos sobre el porqué de las cosas. Incansables, insaciables. Es como si nos resultase imprescindible conocer al milímetro las razones que envuelven todos y cada uno de los hechos que se nos presentan ¿Por qué me duele tanto? ¿Por qué me siento así? ¿Por qué no soy feliz?


Avanzamos con la esperanza de que, algún día, sin hacer mucho ruido y con mucho tacto, las explicaciones golpeen las puertas de nuestra querida mente, llenándonos de una sensación tan gratificante como sólo puede serlo el entender todo lo que acontece en nuestra realidad. Porque el ser humano no se resigna a que las cosas pasen sin más, en absoluto; busca incesante esa posición de control que, siente, se le es otorgada cuando consigue formular deducciones medianamente razonables para darle sentido a todo.


Pero lo cierto es que no todo lo que ocurre oculta una explicación racional en su interior. No todo es justificable, algunas cosas pasan sin más, sin razón aparente. Muchas veces nos encontramos con situaciones injustas, dolorosas e incluso nos atrapan destinos ineludibles y, lo siento, mas no todo tiene su anhelado porqué esperando a ser descubierto en el momento de mayor convicción.

 Los accidentes, por cierto, también existen.
 Y, otra vez, ese dichoso porqué pidiendo a gritos un análisis por parte de las neuronas que aún conservo.

Quizás lo único que nos hace falta para vivir un poco más tranquilos es dejar ciertas cosas en manos de ese famoso “Todo lo que pasa, pasa por algo”. Quitarnos un peso de encima, no buscar responsabilidad o intentar eximirnos de culpas innecesariamente. Tal vez nunca lo consigamos.


domingo, 7 de octubre de 2012

Coleccionista de instantes



Un día me preguntó que de dónde venían los sueños. Le noté triste, con la mirada ahogada en un cúmulo de recuerdos que hurgaban en los rincones más sensibles de su interior. Imagínate mi cara de idiota cuando tuve que explicarle que los míos nacían en la comisura de sus labios cada vez me dedicaba una sonrisa. No lo hice. 

En su lugar me limité a esconder el corazón en el bolsillo derecho de mis vaqueros desgastados, cagada por si esos ojitos cansados me descubrían y me tocaba huir corriendo por entre mis pensamientos confusos. Porque nunca he sido buena atleta, y porque jamás me había sentido tan responsable de mis palabras como en aquel momento en que me observaba expectante, con la esperanza de que mi respuesta limpiase un poco el vaho del cristal que cubría su pecho.

Lo que nunca le dije es que yo no sabía exactamente de dónde venían, ni por qué se cumplían o iban a parar al cajón de los anhelos frustrados. De lo único que tenía certeza era de que su felicidad era uno de los míos, y eso bastó para inventar una historia llena de porqués que bailaban entre razones y falsas explicaciones teñidas de un entendimiento del que jamás fui poseedora. Porque yo no necesitaba más motivos. Porque el único motivo era él.

Y me pregunto cuál será mi hogar, cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta límites insospechados. Cuando he ...