La línea que siguen mis
pensamientos nunca ha sido del todo coherente, bien lo sabes. Las marcas que
juegan las veces de ornamento por aquí dentro nunca han sido del todo mías, del
todo tuyas.
Que por querer nunca he
querido que me quisieses por el mero hecho de quererme. Que por haber nunca ha
habido melodía más dulce que el palpitar de tu corazón sobre mi pecho.
Que si hoy me preguntan
por qué, qué es lo que tiene, cómo funciona, o a dónde nos lleva, no hay mucho
que pueda decir.
No sé decirte que forma
tiene, ni si los domingos se viste de traje y se crece. Puedo contarte que se
tiñe de todos los colores, que del sabor más dulce al más amargo sólo hay un
par de falsas despedidas. Que la correlación que existe entre su fuerza y eso
que algunos llaman felicidad suele ser positiva.
No sé por qué le da por
crecer tanto en un espacio tan pequeño, ni menos aún como tiene la osadía de
mandar por encima de mi cabeza, del ínfimo espacio racional que dejas por esos
rincones cuando te esparces a tus anchas, cuando te dejas ser tú. Cuando me
dejas ser contigo.