lunes, 11 de noviembre de 2013





Vivir días más largos, soñar con noches más profundas. Perderme, buscarme una y otra vez. Encontrarte. Mantener una actitud encomiable cuando de quererte se trate; no rendirme ante las adversidades del tiempo. Olvidarme de olvidarte, tenerte en mente siempre; por voluntad propia, en ausencia de coacciones. Amarte.


Vamos a tientas por el camino del olvido. Vamos despacito, con precaución. Vamos juntos. Me tocas y me conviertes en verso y, si te fijas bien, a la vida se le está marcando un hoyuelo de tanto sonreírnos. Todos tenemos miedo alguna vez, eso ya no importa. Dame tu mano, perdámonos juntos. Sigamos a la luna en su itinerario; ella también nos ha estado siguiendo la pista.


El sol nos acaricia el rostro con delicadeza y nos desbordan las emociones. Nos hace cosquillas el viento; las nubes nos regalan lágrimas de felicidad. Al entrar en contacto nuestros cuerpos todo empieza a girar a nuestro alrededor. Bichitos danzan en cada uno de nosotros; nuestros ojos firman un acuerdo tácito. 


Te invito a morirnos de ganas; a sentir las ansias de vivir subiéndonos desde los tobillos 
Te invito a sonreír sin límites
Te invito a encontrar la belleza en cada suspiro,
en cada nacimiento,
en cada rosa que florece,
en cada cambio de estación


Mudemos de hoja; empecemos de nuevo. Dejemos atrás todo lo pasado que aún nos pesa. Seamos felices. 


Prefiero arder con cada sentimiento antes que verme inmersa en la vacuidad de una vida que no entiende de pasiones. Y prefiero arder contigo.
Más que verte te contemplo. Me cuelo entre tus párpados y puedo sentir esa mirada tan serena y emotiva que te viste a diario. No puedo negarme a tus ojos mientras me cuentan historias que tu boca jamás tendrá el valor de materializar, y el corazón se me rompe al tiempo que tu respiración me roza el cuello con dulzura.


Duermes, y el manto de inocencia que te cubre me incita a protegerte del mundo. Cuánto daño nos habremos hecho, y cuánto amor habremos dejado escapar por las rendijas de este vacío inexpugnable. Y aún así, en este instante impregnado de magia, nos convertimos una vez más en todo aquello que siempre deseamos.


Sé que el final es cierto. Lo noto en las arrugas de tus palmas, ahora inmóviles sobre mi cintura. Me pierdo en tu abrazo y grabo en la memoria el numeró exacto de lunares que visten tu perfil izquierdo. Acaricio cada uno de tus párpados y el calor de tu cuerpo me quema desde dentro. 


Ante la inminencia del descenlace, te susurro al oído lo agradecida que estoy de haberte conocido. Ojalá nunca sepas hasta qué punto llegué a necesitarte. Ojalá nadie te haga jamás tan suyo como yo te hice mío.


Y me pregunto cuál será mi hogar, cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta límites insospechados. Cuando he ...