Con el objetivo de acortar
distancias ganaste centímetros por todas partes, y torpe a causa del contacto
se me olvidó consultar el manual de guerra. Una utópica ataraxia se vio
destronada entonces por un sentimiento que no sé definir, mas cuya aparición
dio un vuelco a todo aquello que hubiera podido estar en su sitio.
En medio de la preocupación por
romper todas las reglas impuestas no fui capaz de llevar a cabo una sola de las
estratagemas tan cuidadosamente calibradas con antelación. Un áspero latido
marcó entonces el inicio de un juego desesperado, abyecto por adictivo, elíxir
donde los haya.
No sé que fuiste antes, si beso o
hambre, aunque muy probablemente te vistieras de ambas al mismo tiempo. Aire y
espacio condensados corroboraron una tensión no resuelta que dificultosamente
se abría paso entre suspiros aquejados. Y otra vez beso, y otra vez hambre,
íntimamente ligados por una correlación tan positiva y exacta que el margen de
error no pudo sino resignarse a su no cabida. Uno más uno hicieron uno, y más
de un genio nos aborreció desde su tumba.
Un acuerdo implícito determinó
que un falso no cediera su podio a un sí furtivo. La tímida lluvia se encargó
gustosa de borrar las últimas huellas de
una cordura que se negaba a seguir trabajando con tanto calor. Y entonces deseo
y odio y amor y ansia, no necesariamente en ese orden. Y a la mierda los peros.
No fue hasta un par de grados
centígrados menos más tarde que advertí algunas marcas, quizás futuras
cicatrices. Creí incluso avistar algún que otro avance precipitado en la conquista
de un corazón inexpugnable, aunque supongo que esta última sospecha se irá disipando
con el inevitable y tan repudiado correr de los años, sin obviar el ascenso del
orgullo y la eterna fachada de hielo.
Pero te miré de frente y te hice
mío. Y entre caricias casi punibles se me olvidó empuñar el arma. Perdí, me
dejé vencer y claudiqué a sabiendas de lo que eso supondría en el diario íntimo
de mi ego. Y la derrota, después de haberlo tenido todo, supo tanto a gloria
que aún lo saboreo.