jueves, 21 de febrero de 2013

¿Qué está pasando?



Nos aferramos a los vestigios de un pasado más feliz, más sencillo. Aquellos días en que nos despertábamos entre ráfagas de optimismo, y no con el tortuoso eco de unas balas que no siempre llegan a su destinatario inicial.

El mundo ya no es seguro. Y no me refiero sólo a la desigual distribución de los recursos a nivel mundial, ni a las injusticias que acontecen a diario, ni a la multitud de retrógrados que entorpecen la evolución de una sociedad cada vez más desdichada y temerosa de los cambios. No, no sólo hablo de eso; también del progresivo deterioro de la humanidad a nivel moral.

Cada día se me hace más cuesta arriba creer en la efectiva existencia de aquel “sentimiento de empatía común a todas las personas” promulgado por Hume. Los intereses personales se han hecho con el poder, el individualismo ha plantado su bandera en la cúspide de la jerarquía social. Y, a fin de cuentas, ¿qué más dará que la persona que a mi lado se sienta se esté muriendo de hambre, cuando yo puedo permitirme toda clase de lujos que exceden toda necesidad básica?

El dinero ya no sólo deviene el comprador más eficaz de una “felicidad” transitoria, el poder ya no sólo otorga innumerables privilegios a quienes se jactan de ser superiores al prójimo en diversas materias; el mundo ya no es sólo el sitio que habitamos, sino el escenario de una progresiva degradación del ser humano.

No sé lo que depara el futuro, ni cómo conseguiremos recuperarnos tras esta claudicación general ante las adversidades que se nos han ido presentando. Pero siento miedo, y espero, con toda sinceridad, que esto no sea sino una “pérdida por el camino”, y no nos espere una derrota inminente.

sábado, 16 de febrero de 2013

Feliz casi cumpleaños


A escasas horas del cumpleaños de la persona más grande que ha pisado la faz de la Tierra –y no por su tamaño-. Tantas han sido sus enseñanzas que resulta casi una ofensa el tratar de resumirlas a un minúsculo texto; imposible como intentar discernir las más valiosas.

De él he aprendido que cada esfuerzo conlleva su éxito; que en ocasiones el escenario temporal de uno y de otro no coincide exactamente con lo que llamamos el presente y un futuro próximo. Él ha sido creyente e impulsor de cada uno de mis sueños; ha procurado enseñarme las ventajas de la paciencia y los frutos de la persistencia, y ha sido agua y alivio cada vez que el corazón se ha quejado dolorido de tanto soltar agua salada.

Al mirarlo no puedo más que pensar en lo ignorante que es de su grandeza. Él siempre ha sido y será el pilar –sabio y fuerte- de una familia que ha ido constituyéndose con el paso de los años, y que al día de hoy sabe quererse como nunca lo había hecho. No es consciente todavía de lo que vale; y aún creyéndose el ser más impresionante, cosa          que sus valores y educación le impedirán siempre –y supongo que ese factor no hace sino aumentar su brillantez-, estaría a años luz de comprender lo que significan para mí cada una de sus palabras.

Gracias papá. Gracias por hacerme ver que el camino de la vida se forja sobre cada uno nuestros sueños. Que los sueños nos definen, pero más aún el trabajo que dedicamos a su logro. Gracias por obligarme a nunca rendirme, y por saber escoger las palabras exactas en el momento indicado, consiguiendo sanar hasta la más profunda de las heridas.

Porque nadie elige a sus padres, y tal vez esa haya sido la mayor de mis suertes. Porque te quiero más que a nada en el mundo, y quizás mi mayor sueño no sea sino el de devolverte, a través de mis contribuciones a la vida, una milésima parte del amor que me entregas en cada uno de tus abrazos, con cada una de tus miradas.


Porque, papá, yo de mayor quiero ser como tú.

miércoles, 6 de febrero de 2013

A los que mueven los hilos: gracias


Hoy vengo a hablarte de dos desconocidos que desembocaron en un mismo espacio; dos extraños que fueron a parar a la misma estación de tren, en pleno invierno y sin conocer muy bien el sentido de la primavera. Dos personas que se encontraron en el sitio indicado y en el momento menos oportuno.

Ser objeto de los caprichosos planes del destino no supo tan mal cuando apareciste, con tu encanto y tu disfraz de hielo, en medio de una realidad que se me antojaba monótona y sin gracia.

Entre encuentros y desencuentros llegó la magia. El calor lo pusiste tú, las ganas ya eran mías.

Las agujas del reloj se convirtieron entonces en el personaje antagónico de esta historia, que no nació con el propósito de convertirse en un libro de amor, de esos que tanta indiferencia nos generan a los que no somos susceptibles a los ataques de niños que llevan a cuestas arcos y flechas. Porque por no sentir, hay quien no siente ni la música.

No sé cómo explicarte que ya no me importan los desenlaces, que me olvido de todo final feliz; que me lleno con la oportunidad de revivir eternamente una o dos páginas de cierto capítulo que nunca llegamos a escribir.

Te odio por romperme los esquemas, por obligarme a perder la noción del tiempo, por robarme esa razón que siempre me ha definido. Porque mis empeños en conocer los entresijos de tus pupilas derivaron en una confusión que sólo encontró refugio en tus palabras.

Defender el acto de pensar se tornó peligroso cuando te convertiste en causa y efecto de este caos interno. No querer que me quieras no es más que una táctica de defensa; si estas manos hoy rezuman alegría no es por pura coincidencia.

Supongo que a estas alturas pocas excusas me quedan de reserva. He perdido los motivos para no quererte, me he ido despojando poco a poco de los peros. Me sobran, sin embargo, los porqués. No es mi culpa, simplemente se me ha roto la tecla del punto y final.

Piel que destila por cada uno de sus poros una nueva fragancia, un sentimiento desconocido que has sabido moldear a la perfección. Porque, por primera vez, borro de mi nombre la condición de cobarde, y me atrevo a embarcarme en el comprometido juego de la sinceridad.

Si de confesar se trata, mi error no fue sino el de perder el Norte entre tus labios. Porque fingir ya resulta tedioso, y en cada intento de huida las piernas se me paralizan. Mis planes ya sólo ven una posible salida corriendo detrás de tus comas. Porque puede que en este punto ya no me moleste sobremanera el hecho de que pierda el culo por ti.

Creo que nunca te lo había dicho, o tal vez sí. Quizás fue por las condiciones impuestas.

domingo, 3 de febrero de 2013

Por cómo lo hicimos



El día en que perdí de vista los fines coincidió con el momento en que me dejé llevar por los medios.
El día en que comencé a preguntarme por las leyes físicas de los sólidos y su paso al estado líquido coincidió con el primer 'creo que te quiero' que brotó a trompicones de tus labios confusos.
El día en que aprendí que hay cosas que al buscarlas huyen despavoridas, tú ya estabas a años luz de distancia, y mis ganas ya no eran tuyas.
El día en que, por primera vez, creí en la posibilidad de lo imposible, fue porque ya se había cumplido, y el mérito se me escurrió por entre los dedos.
El día aquel en que, sin querer y sin preámbulos, sentí el roce de tus manos sobre las mías, coincidió con el instante en que ese algo pequeñito se hizo enorme. Para entonces todo lo demás ya daba igual. Te tenía.

Y me pregunto cuál será mi hogar, cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta límites insospechados. Cuando he ...