Me hablas de embarcarte en búsquedas con destinos inciertos; de bailar esa canción que tanto odias hasta que te duelan los pies. Me lo cuentas todo desde el principio y das giros innecesarios a una historia que gotea inverosimilitud. Tus palabras siguen un trayecto irregular, no llegan a tocarme. Y hoy me he levantado con el pie izquierdo, para variar, para echarle toda la culpa cuando la cosa se tuerza.
El tiempo pasa y todo lo corroe; que nos lo cuenten a nosotros. Y eso que al principio nos movíamos como partes incompletas que, desesperadas, buscaban las sobras de algún amor de viernes por la noche. Nos sentábamos a tomar un café en cualquier parte del mundo y, de alguna forma, en cada sorbo ya nos transmitíamos la dosis diaria de amor. Y el azúcar sobraba si estabas a mi lado.
Me desprendo de la justificación constante, de las mentiras bondadosas, de la excusa a cualquier precio. Nos acepto con errores y aciertos, en tiempo y espacio, en directo. Y te veo sonreír y ya no sé si por dentro hace frío o calor, si esas comisuras albergan acaso algo de esperanza. Soy incapaz de atravesar la barrera que cubre ahora tu mirada, y me pregunto si no habré participado yo misma en su construcción.
Pasan las estaciones y el invierno nos encuentra otra vez explorando en los resquicios de un "me he cansado de quererte" matutino y en ayunas. Y el café se ha quedado frío, y ya no nos quema la punta de la lengua al pasar.
Pasan las estaciones y el invierno nos encuentra otra vez explorando en los resquicios de un "me he cansado de quererte" matutino y en ayunas. Y el café se ha quedado frío, y ya no nos quema la punta de la lengua al pasar.