miércoles, 31 de julio de 2013

Hasta siempre

Bajan las temperaturas y te da por buscar en los bolsillos de tus pantalones arrugados y descoloridos. No encuentras más que un par de sueños rotos y algún que otro día perdido, y supongo que no es hasta entonces cuando te das cuenta de que lo has dado todo. Has entregado hasta lo que no tenías por salvaguardar algo que parecía no tener fecha de vencimiento, y lo único que te queda es una hipoteca a la que ahora no puedes hacer frente y unos cheques de nostalgia pendientes de cobro a largo plazo.

No sé si fallaron las matemáticas o fue que las palabras se desnudaron antes de las doce y se rompió la magia; si finalmente nos llegó la multa por exceso de velocidad o sencillamente se nos olvidó apagar la luz y la bombilla acabó por quemarse. Pero hoy, nadando entre los restos de lo que fuimos y los quejidos de las páginas en blanco que nunca llegamos a rellenar, sólo soy capaz de avistar habitaciones clausuradas y un mechero recién comprado que se ha quedado sin gas. Y yo con el cigarrillo en la boca.

Te busqué por todas partes, incluso fuera de mí. Y empeñé un par de abriles a cambio de tu boca cuando, instalado agosto, los árboles de esta historia amenazaban con mudar de hoja. Pero en medio del calor te regalé el candado y olvidé guardar la llave de repuesto. Me quedé sin nada, con la fe del que espera su tren a sabiendas de que ya se ha marchado. Y la estación vacía, y el corazón en llamas.

Hoy vuelvo a verte en recuerdos que, cansados de olvidar, entran sin llamar al vacío de una mente que se ha dejado a merced del tiempo, curandero universal por excelencia. Ya sin un nosotros, mas aún irremisiblemente tuya, te confieso que la herida sigue abierta. Y poco puedo hacer desde que te fuiste llevándote los puntos y dejándome las íes.

Inmersa en el tedio de ver pasar los días, con la esperanza de algún cambio que salve la poca cordura que quedó tras el incendio, me pregunto cuál será el siguiente paso. Si después de apostarlo todo y perder puede uno volver a creer en la suerte.Y vacío, y decepción, y miedo. Y mi orgullo de vacaciones en tu ombligo.

Quizás nunca fue lícito hacer de una suma una unidad. Tal vez el error fue quererte a solas.



lunes, 29 de julio de 2013

El problema no está en saber

El problema no está en saber. Saber es fácil. Saber es cómodo. Lo jodido es saber que no sabes. La cuesta se empina cuando el cúmulo de preguntas supera con creces al de respuestas. Y entonces todo el mundo se dirige a ti como si tuviera un máster en la sublime “Escuela de la vida" y todas tus dudas resultaran absurdamente ridículas y propias de un infante que poco puede saber de nada.


De forma rutinaria, en algún momento del día, te sientas con el estómago lleno y el pecho aparentemente vacío a reflexionar sobre lo que te atormenta. Y cuando el qué cede su trono al cómo y el cuándo la escena se torna todavía un poco más oscura si es posible. Pero no desesperes, pues en la mayoría de las ocasiones aparecerá el listillo de turno para aconsejarte qué debes hacer como si él mismo tuviese el control absoluto de su propia vida. Y tú te cagas en, por y para él y su verborrea.


El problema no está en saber. Saber es fácil. Saber es cómodo. Lo jodido es saber que no sabes. Lo duro es despertarte por las mañanas preguntándote qué es lo que va mal y cuál será la causa del vacío que sientes dentro. Incluso llegas a envidiar la fortuna del ignorante que muestra un interés nulo por todo lo que le rodea, la comodidad del que nada quiere aprender. Pero esto último, gracias a todos los dioses que velan por nosotros, suele pasarse tras el primer café del día.


A veces es necesario perderse para encontrarse. Y está bien sufrir y darte golpes contra la pared por no tener ni puta idea del camino que quieres que tome tu vida. Es sano. Como saludable cagarse en todo y en todos de vez en cuando. Y sentirte una minúscula hormiguita desorientada en un mundo de elefantes egoístas que no hacen sino luchar por encontrar su oasis.


Lo imperdonable es abandonarse uno mismo y dejarse a merced de las ideas ajenas. Perder la libertad en nombre de un conformismo masivo, la nueva moda en nuestros tiempos. Lo intolerable es no confiar en el criterio propio y comprar opiniones vacías y disfrazadas de los oradores actuales, con el fin único de ahorrarse las molestias de tener que pensar. Y usar la cabecita es lo que nos hace precisamente seres medianamente racionales.


El problema no está en saber. Saber es fácil. Saber es cómodo. Lo jodido es saber que no sabes. Suerte que en la esquina de la calle Incertidumbre siempre nos esté esperando la dosis justa de certeza para seguir caminando.

Y me pregunto cuál será mi hogar, cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta límites insospechados. Cuando he ...