El día en que perdí de vista los fines coincidió con el
momento en que me dejé llevar por los medios.
El día en que comencé a preguntarme
por las leyes físicas de los sólidos y su paso al estado líquido coincidió con
el primer 'creo que te quiero' que brotó a trompicones de tus labios
confusos.
El día en que
aprendí que hay cosas que al buscarlas huyen despavoridas, tú ya estabas a años
luz de distancia, y mis ganas ya no eran tuyas.
El día en que, por
primera vez, creí en la posibilidad de lo imposible, fue porque ya se había
cumplido, y el mérito se me escurrió por entre los dedos.
El día aquel en que,
sin querer y sin preámbulos, sentí el roce de tus manos
sobre las mías, coincidió con el instante en que ese algo pequeñito se hizo
enorme. Para entonces todo lo demás ya daba igual.
Te tenía.