Como quien vive con la seguridad de un cambio, disfruto cada
instante mucho más. Y llegados a este punto, entre risas y lágrimas, despedidas
y reencuentros prematuros, algo por dentro se ha activado para archivar en mi
memoria a largo plazo todos y cada uno de los momentos vividos en estos últimos
seis años. Por si acaso, para que no se ausente en un futuro.
Lo amargo de los “te echaré de menos” que me esperan -y que
pesarán mil veces más cuando sean sinceros-, sólo amortizados por la dulzura de
esos “no sabes cuánta falta me has hecho” que brotarán sin pedir permiso
llegado el momento.
Calles que ya no me invitarán a paseos eternos, sonrisas
que no volverán a iluminarme días grises. Música que, inevitablemente, me
transportará a esos “salte cinco minutos”, a los míticos “venga, tía, demos una
vuelta”, y a las inolvidables historias que de las que he tenido la suerte de
formar parte.
Que se me den fatal las despedidas es sólo uno de mis tantos
defectos. Las palabras siempre han jugado a ordenarse solas al ritmo de lo que
dictaba el corazón, que al día de hoy está inmerso en la más profunda de las confusiones
y se siente objeto de un futuro indescifrable.
Al fin y al cabo somos tiempo. Tiempo que corre, que vuela, que a veces juega a desaparecer.
Pero, quizás presa del pánico, me refugio una vez más en otorgarle un absurdo poder al destino, y me cobijo bajo ese famoso ”todo pasa por algo” -que tantas veces nos ha salvado-, aunque en ocasiones pese más el Yin
y busque a tientas un poquito de ese sol tan necesario para su existencia.
Porque te voy a echar de menos. Porque te prometo un por
siempre más fuerte que todo lo que se nos encare. Porque no estamos perdiendo,
sino que estamos aprendiendo a ganar a costa de un esfuerzo mayor, con lo cual
el mérito es superior. Porque muy poco en esta vida es ineludible, y te juro que el olvido no es una de esas cosas.
Porque las marcas me las llevo conmigo, y el dolor no es más que una prueba irrefutable de que todo esto ha pasado de verdad, de que existimos, de que no ha sido un sueño tremendamente caótico y satisfactorio a partes iguales.
Y te dejo de deberes obligarte, de vez en cuando, a pensar en mí; porque, aunque ya no esté a tu lado, seguiré estando contigo. Porque te prometo, día a día, recordarme no olvidar. Porque esto no es el fin. Porque te quiero.