domingo, 13 de octubre de 2013





Tengo un imán para los egos con brazos y piernas. Me persiguen independientemente de la situación geográfica. Y no soy muy fan de las casualidades, pero contigo no me queda más remedio que hacer una excepción. 

Estamos solos, pero juntos. Te veo de lejos y siento que ya te conozco, de otra vida quizás, más acertada y comedida. Y parece que todo va a estar más o menos bien.

Tus ojos y tu boca disputan por contar cada cual su propia historia, y el roce de tu voz aterciopelada me transporta a otra atmósfera, menos turbia y asfixiante. Me encanta escucharte mientras me lees tus poemas con inseguridad disimulada. Y odio, sobre todas las cosas, verte tan esclavo de las agujas que bailan sobre tu muñeca cansada.

No paras de repetirme que soy mala, orgullosa, narcisista... y adoro el hecho de que seamos una suerte de espejo en tantos aspectos. Puede que tengas razón, que el espacio haya sido el idóneo y no así el tiempo. Pero, pese a las circunstancias, a los baches, las malas y las buenas suertes, a tu lado me siento bien. No sé si me entiendes, a lo mejor necesitas que te adjunte literatura explicativa. En última instancia, me das un beso y después te explico.

No me importa que todo sea ficción, que a veces seamos mentira. Y creas y deshaces, y ninguno de los dos cede, y aquí nadie cree en nada. Pero, tal vez, la suerte nos esté sonriendo, o nos esté guiñando un ojo, o nos esté regalando uno de esos suspiros que suelta uno de puro alivio después de tanta espera. A lo mejor estaba escrito. Lo digo por ti.




Y me pregunto cuál será mi hogar, cuando he pasado por tantos paisajes que me han llenado el alma hasta límites insospechados. Cuando he ...