Bajan las temperaturas y te da por buscar en los bolsillos de tus pantalones arrugados y descoloridos. No encuentras más que un par de sueños rotos y algún que otro día perdido, y supongo que no es hasta entonces cuando te das cuenta de que lo has dado todo. Has entregado hasta lo que no tenías por salvaguardar algo que parecía no tener fecha de vencimiento, y lo único que te queda es una hipoteca a la que ahora no puedes hacer frente y unos cheques de nostalgia pendientes de cobro a largo plazo.
No sé si fallaron las matemáticas o fue que las palabras se desnudaron antes de las doce y se rompió la magia; si finalmente nos llegó la multa por exceso de velocidad o sencillamente se nos olvidó apagar la luz y la bombilla acabó por quemarse. Pero hoy, nadando entre los restos de lo que fuimos y los quejidos de las páginas en blanco que nunca llegamos a rellenar, sólo soy capaz de avistar habitaciones clausuradas y un mechero recién comprado que se ha quedado sin gas. Y yo con el cigarrillo en la boca.
Te busqué por todas partes, incluso fuera de mí. Y empeñé un par de abriles a cambio de tu boca cuando, instalado agosto, los árboles de esta historia amenazaban con mudar de hoja. Pero en medio del calor te regalé el candado y olvidé guardar la llave de repuesto. Me quedé sin nada, con la fe del que espera su tren a sabiendas de que ya se ha marchado. Y la estación vacía, y el corazón en llamas.
Hoy vuelvo a verte en recuerdos que, cansados de olvidar, entran sin llamar al vacío de una mente que se ha dejado a merced del tiempo, curandero universal por excelencia. Ya sin un nosotros, mas aún irremisiblemente tuya, te confieso que la herida sigue abierta. Y poco puedo hacer desde que te fuiste llevándote los puntos y dejándome las íes.
Inmersa en el tedio de ver pasar los días, con la esperanza de algún cambio que salve la poca cordura que quedó tras el incendio, me pregunto cuál será el siguiente paso. Si después de apostarlo todo y perder puede uno volver a creer en la suerte.Y vacío, y decepción, y miedo. Y mi orgullo de vacaciones en tu ombligo.
Quizás nunca fue lícito hacer de una suma una unidad. Tal vez el error fue quererte a solas.